El sueño americano parece diferente para todos. Comencé a trabajar como soldador a los 12 años en el taller de maquinaria de mi padre en un pequeño pueblo de Ohio. En los buenos tiempos, tenía cinco empleados y los trataba como a una familia. En tiempos difíciles, yo era un equipo. Lo que nunca le faltó fue una sólida ética de trabajo, un firme apretón de manos y la creencia de que si tratabas bien a las personas, todo lo demás vendría después.
Puede que mi padre no lo supiera en ese momento, pero vivió el ideal estadounidense original. En el verano de 1776, 56 personas tomaron una decisión que no tenía precedentes y no garantizaba el éxito. Dedicaron sus vidas, sus fortunas y su sagrado honor a una única creencia: que las personas deberían ser libres de construir sus vidas según sus propios términos.
En el lenguaje empresarial, ésta fue la última apuesta fundamental. Que un hombre que dirigía un taller mecánico en Ohio era tan importante como cualquier rey. Fue una apuesta. Y no sólo creó el país. Creó el motor de creación de valor más poderoso que el mundo haya visto jamás.
Tendemos a recordar la Declaración de Independencia como un documento político. Pero en esencia, es algo aún más significativo: un proyecto para un sistema empresarial basado en la confianza.
Esta confianza fue radical. Durante la mayor parte de la historia de la humanidad, la vida económica se organizó en torno a jerarquías y roles fijos. Naciste en tu estación. La Declaración decía algo diferente: tu posición depende de ti. Este único cambio desató el potencial humano a una escala que el mundo nunca había visto.
He dedicado mi carrera a crear empresas y he aprendido que la confianza es la palabra más importante en cualquier idioma. Los fundadores lo entendieron instintivamente. No se limitaron a declarar la independencia. Crearon las condiciones para que personas libres actuaran juntas a gran escala.
Cuando se le preguntó a Benjamín Franklin qué forma de gobierno creó la Convención, respondió con la advertencia: “Una República, si puedes mantenerla”. Esta responsabilidad ahora nos pertenece a nosotros.
Lo he visto en talleres mecánicos de Ohio y laboratorios de Silicon Valley. Para emprendedores que construyen sin permiso. En líderes que tengan el coraje de invertir en un futuro que otros aún no pueden ver. A lo largo de 250 años, los instrumentos han cambiado. El espíritu no hizo esto.
Por eso existe Freedom 250: no sólo para conmemorar este momento, sino para ser un catalizador de la renovación nacional. Reunir liderazgo, comunidades, instituciones y familias en torno a una misión común: mantener la libertad en un mundo que cambia rápidamente.
Los líderes empresariales de hoy navegan en un mundo caracterizado por rápidos cambios tecnológicos, una mayor competencia global e incertidumbre sobre lo que vendrá después. En la era de la inteligencia artificial, la concentración de datos y el dominio de las plataformas, lo que está en juego es aún mayor. En tiempos de incertidumbre, el instinto tiende a menudo a centralizarse. Pero Estados Unidos no se construyó sobre la base de la burocracia. Se construyó avanzando con valentía. El verdadero progreso proviene de la ampliación de las oportunidades y condiciones que permiten a las personas vivir libremente y prosperar.
Para los líderes actuales, esto no es abstracto. Esto se muestra en cómo asigna capital, cómo empodera a los equipos y cómo responde a la incertidumbre. La cuestión no es si actuar, sino si hacerlo de una manera que amplíe la libertad o la restrinja.
La libertad no garantiza el éxito. Mi padre tuvo años en los que los pedidos se agotaron. Pero él siguió adelante. Y me enseñó algo que nunca he olvidado: la capacidad de intentarlo, fallar y volver a intentarlo no es un consuelo. Este es el motor del progreso. Así funcionan los negocios. Así se construyó nuestra nación.
La libertad no se hereda. Esto está asignado. Cada generación lo recibe de la anterior y se encarga de transmitirlo hacia adelante, más fuerte de lo que lo encontraron.
Este es el legado que Freedom 250 llevará hasta el año 250 del país.
El próximo capítulo de Estados Unidos no se escribirá solo. Será escrito por líderes que opten por ampliar las oportunidades, asumir riesgos sobre las personas y construir de manera que mejoren la libertad en lugar de concentrar el poder.
Ese es el espíritu del Freedom 250. Y está lejos de estar terminado.
Las opiniones expresadas en los comentarios de Fortune.com son únicamente las de los autores y no reflejan necesariamente las opiniones y creencias de Fortune.
