Tuve un asiento de primera fila para ver la revolución de las redes sociales en puestos de asuntos globales en Twitter y Meta. Los mismos errores ocurren en la IA | Suerte

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No soy un escéptico tecnológico. Esto está lejos de ser cierto. Pero lo volvemos a hacer.

Se acerca una nueva era de la tecnología. La IA está cambiando las economías, las industrias y la gobernanza. Y al igual que la última vez, nos movemos rápido, rompemos cosas y construimos el avión mientras volamos (para usar algunas frases técnicas comunes). Estos mantras estimularon la innovación, pero ahora vivimos con consecuencias no deseadas.

Durante más de una década trabajé en la sala de máquinas de la revolución de las redes sociales, primero en el gobierno de Estados Unidos, luego en Twitter y Meta. He liderado equipos que interactúan con gobiernos de todo el mundo mientras luchaban con plataformas que no entendían. Al principio fue embriagador. La tecnología avanzaba más rápido de lo que las instituciones podían seguir el ritmo. Entonces surgieron los problemas: desinformación, sesgo algorítmico, polarización, manipulación política. Cuando intentamos regularlo, ya era demasiado tarde. Estas plataformas eran demasiado grandes, demasiado integradas y demasiado importantes.

¿Lección? Si espera hasta que la tecnología sea omnipresente para pensar en seguridad, gobernanza y confianza, ya habrá perdido el control. Y, sin embargo, estamos a punto de repetir los mismos errores con la IA.

Nueva infraestructura de inteligencia

Durante años, la IA ha sido vista como un problema tecnológico. Ya no. Se convierte en la base de todo: desde la energía hasta la defensa. Los modelos básicos están mejorando, los costos de implementación están cayendo y las tarifas están aumentando.

Vuelven los mismos mantras: construir rápido, lanzar temprano, escalar agresivamente, ganar la carrera. Sólo que ahora, en lugar de destruir los medios, estamos reinventando la infraestructura básica de la sociedad.

La IA no es sólo un producto. Esta es una empresa de servicios públicos. Determina cómo se asignan los recursos, cómo se toman las decisiones y cómo funcionan las instituciones. Las consecuencias de una mala decisión son exponencialmente mayores que en las redes sociales.

Algunos riesgos parecen inquietantemente familiares. Los modelos se entrenaron con datos opacos sin supervisión externa. Algoritmos optimizados para el rendimiento en lugar de la seguridad. Sistemas cerrados que toman decisiones que no entendemos del todo. La gobernanza global es inválida y el capital fluye más rápido que la regulación.

Una vez más, la narrativa dominante es: “Lo resolveremos sobre la marcha”.

Necesitamos un nuevo libro de jugadas

El enfoque de la era de las redes sociales de actuar rápidamente, pedir perdón y resistir la vigilancia no funcionará para la IA. Hemos visto lo que sucede cuando las plataformas escalan más rápido que las instituciones diseñadas para ejecutarlas.

Esta vez hay más en juego. Los sistemas de inteligencia artificial hacen más que simplemente servir como intermediarios de comunicación. Están empezando a influir en la realidad: desde cómo se transmite la energía hasta cómo se distribuye la infraestructura durante las crisis.

La energía como ejemplo

La energía es el mejor ejemplo de una industria donde la infraestructura es el destino. Es un sistema complejo, regulado, de misión crítica y global. Este es el sector que permitirá o limitará la siguiente etapa del desarrollo de la IA.

Los racks de IA en los centros de datos consumen entre 10 y 50 veces más energía que los sistemas tradicionales. Entrenar un modelo grande requiere tanta energía como la que consumen 120 hogares al año. Para 2030, se espera que las cargas de trabajo de IA impulsen un aumento de 2 a 3 veces en la demanda mundial de electricidad de los centros de datos.

La inteligencia artificial ya se está incorporando a sistemas que optimizan las redes eléctricas, predicen cortes e integran fuentes de energía renovables. Pero sin la supervisión adecuada, podríamos enfrentar escenarios en los que los sistemas de IA prioricen a los consumidores industriales sobre las áreas residenciales durante los picos de demanda. O crisis en las que la IA toma miles de decisiones rápidas durante emergencias que dejan a regiones enteras sin electricidad y nadie puede explicar por qué ni eludir el sistema. No se trata de elegir bando. Se trata de desarrollar sistemas que funcionen juntos, de forma segura y transparente.

No repitas el pasado

Todavía es temprano para nosotros. Tenemos tiempo para formar sistemas que gestionen esta tecnología. Pero esta ventana se está cerrando. Entonces tenemos que hacer las cosas de manera diferente.

Debemos entender que las estructuras de incentivos dan forma a los resultados de manera invisible. Si los modelos priorizan la eficiencia sin garantías, corremos el riesgo de crear sistemas que refuercen el sesgo o lleven la confiabilidad al límite hasta que algo se rompa.

Debemos gestionar desde el principio, no hasta el final. La regulación no debería ser una solución retroactiva, sino un principio de diseño.

Debemos tratar la infraestructura como infraestructura. Los centros de energía, computación y datos deben construirse teniendo en mente la gestión a largo plazo, no la optimización a corto plazo.

No podemos acelerar los sistemas de misión crítica sin pruebas rigurosas, equipos rojos y auditorías. Una vez implementado a escala, es casi imposible revertir decisiones de diseño perjudiciales.

Debemos reunir a actores públicos, privados y globales, lo que se puede lograr a través de esfuerzos verdaderamente intersectoriales como ADIPEC, una plataforma energética global que reúne a gobiernos, empresas energéticas e innovadores tecnológicos para discutir y debatir el futuro de la energía y la inteligencia artificial.

Ninguna empresa o país puede resolver este problema por sí solo. Necesitamos estándares comunes y sistemas interoperables que puedan evolucionar con el tiempo. La revolución de las redes sociales ha demostrado lo que sucede cuando la innovación supera a las instituciones. Con la IA, podemos elegir un camino diferente. Sí, actuaremos rápidamente. Pero no rompamos los sistemas de los que dependemos. Porque esta vez no sólo estamos construyendo redes. Estamos construyendo la próxima base del mundo moderno.

Las opiniones expresadas en los comentarios de Fortune.com son únicamente las de los autores y no reflejan necesariamente las opiniones y creencias de Fortune.

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